“Las llamadas policías pacificadoras son en realidad fuerzas de ocupación de las favelas”

Así lo afirmó la criminóloga brasilera Vera Malaguti Batista en el cierre de la 9 Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas, al reflexionar sobre la experiencia en Río de Janeiro de utilización de las Unidades Policiales de Pacificación (UPP). La experta carioca afirmó que “fue un error de Lula aceptar la intervención de las fuerzas armadas en la llamada lucha contra el narcotráfico”. También advirtió sobre la necesidad de una “lectura latinoamericana” sobre la despenalización de drogas en los países centrales: “Corremos el riesgo de un día despertarnos con los territorios de producción ocupados y con el control del negocio en manos ajenas”.

 

Buenos Aires, 5 de julio de 2011.En el cierre de la 9 Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas, la socióloga brasilera, magister en Historia Social y doctora en Salud Colectiva, Vera Malagutti Batista, profesora de Criminología de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y secretaria general del Instituto Carioca de Criminología, presentó un panorama sobre las implicancias en la ciudad de Río de Janeiro de las actuales políticas de drogas de control sobre las favelas bajo el argumento de “la lucha contra el narcotráfico y la violencia urbana”.

A pocos días de que se anunciara en Buenos Aires la utilización de la gendarmería para “mejorar la seguridad” en los barrios de la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en las villas miseria, Malagutti Batista se explayó sobre la experiencia de las Unidades Policiales de Pacificación (UPP)  y advirtió sobre los riesgos de la militarización de los barrios pobres.

“Las Unidades Policiales de Pacificación (UPP), que en teoría tienen como función trabajar el tema droga en las favelas de Río, son en realidad fuerzas de ocupación”, señaló. En su conferencia magistral “Política, y políticas de drogas en América Latina”, describió el procedimiento de las UPP: “La policía llega, mata a quince, veinte traficantes, y después se adueña de los territorios. Y, por ejemplo, la música de los jóvenes populares que es el funk, está prohibida en todas las zonas pacificadas. Si usted quiere hacer un bautismo, cumpleaños, tiene que pedir permiso al Capitán de policía, que es el nuevo jefe de la favela”.

La experta calificó a las UPP como “principalmente publicitarias” y reveló que se trata de un modelo internacional del paradigma bélico,  que ya se aplicó en la década de 1990 en Medellín. “Es un proyecto de control total sobre las áreas pobres. Los policías dan clases de deportes, clases de prevención de las adicciones –afirmó-. La idea es: primero debe tomarse por la fuerza el territorio, ocuparlo; después, vienen las inversiones sociales. Estamos esperando las inversiones sociales”.

En la última semana de junio de 2011, las UPP ocuparon Manguera, una favela histórica, muy tradicional por sus escuelas de samba. “Nuestro secretario de Seguridad, formado en los Estados Unidos e Israel, se había comprometido a que a partir de ahora las ocupaciones serían avisadas. La avisaron y los vendedores al menudeo se escaparon, así que mataron a ocho nada más. Junto con la UPP, avanzan tanques militares, que arrasaron las pequeñas tiendas de cerveza que estaban alrededor de las escuelas de sambas… fue una destrucción total, una militarización”, describió Malagutti.

Para la criminóloga, “el ex presidente Lula Da Silva tuvo muchas medidas sociales muy positivas para el pueblo, pero ha cometido el error de permitir el uso de las fuerzas armadas en la llamada lucha contra el narcotráfico. Es una recomendación que los Estados Unidos siempre hace al resto del mundo, pero que nunca ha llevado a la práctica en su propio país; sin embargo, le gusta mucho que los países de América Latina usen las fuerzas armadas en los asuntos de seguridad interna. Y esto no es inocente”.

La construcción del enemigo interno

¿Por qué? Porque introduce el modelo bélico en la vida cotidiana, con la destrucción social que esto significa. Para Malagutti, las drogas han sido una excusa: “En la transición de la dictadura a la democracia, se produce el desplazamiento del enemigo interno del guerrillero a la delincuencia. Cada vez más se invierte en la lucha contra el crimen, gasto que se justifica a partir de generar campañas masivas de pánico social. El eje del problema no es la droga en sí, sino el control de aquella porción de la juventud considerada como peligrosa”.

La diseminación del uso de cocaína ha convocado a la mano de obra joven para su venta y a jóvenes de las favelas para la producción. A los jóvenes de clase media se los coloca en el campo de la salud mental, a los jóvenes de clase baja en el campo penal. A partir de una investigación sobre más de mil procedimientos por drogas, Malagutti demuestra el el importante volumen de niños y niñas criminalizados por tenencia de drogas y el creciente aumento de la población encarcelada, selectivamente compuesta por jóvenes, pobres, afodescendientes, habitantes de las favelas.

“El número de muertos por la guerra contra las drogas es pavoroso en mi ciudad. La policía de Río de Janeiro conmemoró este año como un triunfo que sólo mató ochocientas personas. Fue una celebración, porque tenemos un promedio de 1200 asesinados al año por la policía, según cifras oficiales”, señaló la experta. “Nuestros países se han convertido en campos de batalla contra las drogas, pero en esta batalla los muertos y encarcelados son campesinos y jóvenes pobres”.


La guerra es por el control de la producción

Vera Malagutti Batista afirmó que prefiere no hablar en términos de “tráfico de drogas”, sino que prefiere los términos “producción” y “comercio”. Esto, porque se trata de un mercado, en este momento ilegal, pero con los mismos patrones que todos los mercados.

En vistas de los procesos de despenalización del consumo en diferentes países de Europa y las primeras señales en diversos distritos de los Estados Unidos, Malagutti advierte: “A veces parece que tuviéramos como límite para desarrollar políticas públicas las experiencias de España, Portugal. Lo que nos diferencia de los países europeos que ya despenalizaron es que ellos no tienen territorios donde se producen marihuana y coca, en nuestros países sí”.

Tal vez, la expresión “ocupación” sea la palabra llave para entender porqué se continúa esta guerra, sugirió la experta sobre el final. Y concluyó: “Si la despenalización de las drogas avanza en todo el mundo, es importante hacer una lectura geopolítica. Porque en pocos años la discusión será el control de la lucrativa fase de la producción y la localización de las drogas. América Latina puede perder su posibilidad de tener un control propio de sus territorios, si se concentra únicamente en despenalizar el consumo”.

 

Intercambios Asociación Civil es una organización clave en América Latina en temas de reducción de daños y políticas de drogas. Desarrolla acciones de incidencia política, investigación y capacitación con el objetivo de influir en las políticas de drogas gubernamentales y multilaterales. Organizó la I y II Conferencias Latinoamericanas Sobre Políticas de Drogas (Buenos Aires 2009, Río de Janeiro 2010); coordinó el proceso de discusión de la sociedad civil en la región sobre las metas fijadas por la Sesión Especial de la Asamblea de Naciones Unidas sobre Drogas (UNGASS) y lleva organizadas ocho Conferencias Nacionales de Políticas de Drogas. Entre sus publicaciones se cuentan: “Aportes para una nueva política de drogas. V y VI Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas” (2010); y “Saberes y prácticas sobre drogas. El caso de la pasta base de cocaína” (2007).

 

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